"Déjate conducir por la Inmaculada"

Testimonio juvenil de la peregrinación nacional al Cerro del Cubilete

Al avanzar observamos a lo lejos nuestro gran objetivo, Cristo Rey, esperándonos con los brazos abiertos. Llenos de esperanza, vamos paso a paso con muchísimo ánimo, nos encontramos rodeados de nuestros amigos, algunos vigilando y atentos que nada perturbe nuestro bienestar físico y espiritual. Después de un rato de caminar sientes cansancio y llegas a pensar en detenerte, pero en ese momento alguien te tiende su mano y te dice: “ánimo ya falta menos, Él quiere estar contigo” sin dudarlo sigues adelante. Al cabo de unas horas, sudado y con un poco de dolor en los pies, llegas a la cima. En este momento no lo puedes creer, “¿Cómo es posible? ¿Yo logré subir?”, dan ganas de llorar, no tengo palabras para describir la gran emoción y alegría que te causa el ver que jamás estamos solos, siempre nos encontramos bajo la custodia de Dios.

Escuchamos misa y llega uno de los momentos más hermosos que he podido vivir a mis 23 años, estar a cielo abierto, frente a la Estatua monumental del soberano de cielos y tierra, en la consagración y poder comulgar al lado de miles de almas que al igual que yo, buscan y encuentran esa PAZ y armonía que nada ni nadie, sólo Dios nos la proporciona. Gracias a todo esto nos damos cuenta de que cada uno de nosotros somos importantes y lo que tú y yo hacemos, ayuda o repercute a que los demás puedan llegar a la Gloria de Dios.

Ciertamente somos jóvenes los que peregrinamos el 30 de enero del 2010, pero, ¿Y qué es nuestra VIDA? Si no un peregrinar.

Al inicio es muy hermoso, irradiamos alegría, poco a poco va siendo más difícil, durante nuestro ascenso hay quienes nos cuidan y protegen, esos ángeles que Dios nos regala por poco o mucho tiempo, NUESTROS PADRES, ellos tienen una gran misión y responsabilidad, enseñarnos el camino de la verdad y la vida, así como ayudarnos  a regresar cuando llegamos a estar perdidos. Los jóvenes tenemos otro papel, llevar el amor de Cristo a todas esas personas que andan sin rumbo por el mundo, tenemos que aprender y poner en práctica esos conocimientos, crear monumentos con el ejemplo, siendo la reflexión de todas esas almas que andan perdidas, que  nuestros actos hablen de Dios. Salir sin miedo a componer lo que otros creen que ya no tiene remedio, pues hay alguien que vivirá en los resultados de nuestros actos, ellos tienen un rol importantísimo en este andar, pequeños angelitos llamados niños, en ellos encontramos lo más importante que hay en el mundo, EL AMOR.

No dejemos que nos invada el miedo y la violencia, ni lo dejemos para mañana, pues podría ser muy tarde. Seamos esos ángeles que tanto necesita Dios, vamos juntos creando el CAMINO A LA FELICIDAD y de esta manera llegar a la cima que es el mismo DIOS.

Karina Delgado.

Quo Vadis San Max.

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