"Déjate conducir por la Inmaculada"

En mis arrebatos hasta maldecía la maquina. Mi madre me enseñó con su infinita paciencia.

 

 

Mis amados padres Ildefonso y Carmelita

Recuerdo cuando era adolescente, como de unos 15 años, que mi mamá tenía una máquina de tejer Singer, donde ella me enseñó a tejer blusas y bufandas, para vender y sacar un poco de dinero para mis gastos. Recuerdo que muchas veces el carrito de la máquina se entrincaba y no se podía continuar, y había que desatornillarlo, sacarlo, desbaratar el tejido fruncido, o mal hecho, desenredar los hilos, y tejer a mano una por una todas las hebras que no habían tejido, para luego volver a tejer la prenda con la máquina. Mi mamá me enseñó lo que es tener infinita paciencia, ya que en mis arrebatos de desesperación hasta maldecía la máquina, por todas las veces en que se paraba y se descomponía, y ella me decía, no lo hagas, no maldigas, pues ella te da para vivir. Y mi madre me corregía con toda su paciencia y dulzura todas las fallas de la máquina o del tejido que no se hacía. Ahora, a más de 30 años de distancia, así veo que es la vida espiritual. Muchas veces se entrinca el carrito de la máquina, se enchuecan las agujas, se enredan los hilos, y con infinta paciencia hay que pararse, desbaratar lo que está mal tejido, desenredar los hilos, y luego reempezar de nuevo, hasta terminar el trabajo.

Dios bendiga por siempre a mi madre, y a mi padre, por ser el cielo anticipado que Dios, en su infinita bondad, me ha mostrado.

 

Padre Alfonso G. Miranda Guardiola

@padrealfonsom

8 de mayo del 2012

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