"Déjate conducir por la Inmaculada"

San Maximiliano, de la insignificancia a la plenitud de vida y de luz

La muerte de Maximiliano María Kolbe acaecida en 1941, en los campos de concentración de Auschwitz, parece insignificante a los ojos humanos. Poca cosa, como la de Cristo, sin ningún valor, ocurrida en medio de la más completa obscuridad y soledad, perdida en el último reducto de la historia, en medio de la nada, una vida despreciable a los ojos humanos, prescindible absolutamente, además, desgastado por los trabajos forzados, enfermo, ignorado, vejado, abandonado, y sin embargo, por su testimonio de generosidad y de fe inquebrantable, en ese mismo lugar de máximo horror humano, se vuelve, como Cristo, una luz inmensa para todos los hombres, trascendiendo tiempos y fronteras, y cuyo resplandor hoy nos golpea y nos impacta, y llena de luz todos los rincones de la tierra. Pues nos sigue gritando con toda su fuerza, que una sola vida vale más que todo, sin importar qué color, género o nacionalidad tenga, y vale tanto, que por esta sola persona, aún sin conocer de quién se trate, vertida la última gota de egoísmo, estuvo dispuesto a dar su propia vida.

 

Que también nosotros en medio de la atmósfera de obscuridad, desánimo y muerte, no dejemos nunca de brillar intensamente con la luz de Dios.

 

Autor: P. Alfonso G. Miranda Guardiola

@padrealfonsom

13 de agosto del 2012.

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