"Déjate conducir por la Inmaculada"

Evangelio según San Marcos 13, 18-23

Mt 13,18-23. Cfr Mt 13,1-17.

ParabolaJesusEscuchen ahora la parábola del sembrador: Cuando uno oye la palabra del Reino y no la interioriza, viene el Maligno y le arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Ahí tienen lo que cayó a lo largo del camino.

La semilla que cayó en terreno pedregoso, es aquel que oye la Palabra y en seguida la recibe con alegría. En él, sin embargo, no hay raíces, y no dura más que una temporada. Apenas sobreviene alguna contrariedad o persecución por causa de la Palabra, inmediatamente se viene abajo.

La semilla que cayó entre cardos, es aquel que oye la Palabra, pero luego las preocupaciones de esta vida y los encantos de las riquezas ahogan esta palabra, y al final no produce fruto.

La semilla que cayó en tierra buena, es aquel que oye la Palabra y la comprende. Este ciertamente dará fruto y producirá cien, sesenta o treinta veces más.»

 

Desde la iglesia primitiva, se llama parábola una historia contada por Jesús para ilustrar una enseñanza. En la base de la voz griega parabole hay la idea de comparación. Su materia son los humildes hechos de la vida cotidiana, pero también, y quizá sobre todo, los grandes acontecimientos de la historia sagrada (X. LEÓN-DUFOUR. VOCABULARIO DE TEOLOGÍA BÍBLICA).

 

¿Por qué Jesús hablaba en parábolas? Porque quiere que sólo los discípulos comprendan lo que les enseña; les habla en un lenguaje sencillo y cotidiano, pero que al mismo tiempo encierra un misterio para los de fuera, para los que no creen en Él.  (Mc 4, 10-12). ¿A qué se refieren la mayoría las parábolas de Jesús?  Al reino de Dios. Jesús no se predica a sí mismo, sino que predica acerca de Dios, que quiere reinar en la vida de los hombres; con un reino de fraternidad, de paz, de amor y de justicia”. (1)

Temática:

Jesús les habló de muchas cosas, usando comparaciones o parábolas.

Les decía: «El sembrador salió a sembrar.

1. Y mientras sembraba, unos granos cayeron a lo largo del camino: vinieron las aves y se los comieron.

“Cuando uno oye la palabra del Reino y no la interioriza, viene el Maligno y le arrebata lo que fue sembrado en su corazón”.

 

Lo sembrado por el sembrador es la palabra (Ver Mc 4, 13). Nosotros, ¿qué tipo de terreno hemos sido para la palabra sembrada en nosotros? ¿Ya estamos rindiendo frutos: el treinta, el sesenta, o el ciento por uno? ¿En qué se nota? (1).

2. Otros cayeron en terreno pedregoso, con muy poca tierra, y brotaron en seguida, pues no había profundidad; pero apenas salió el sol, los quemó y, por falta de raíces, se secaron.

“La semilla que cayó en terreno pedregoso, es aquel que oye la Palabra y en seguida la recibe con alegría. 21 En él, sin embargo, no hay raíces, y no dura más que una temporada. Apenas sobreviene alguna contrariedad o persecución por causa de la Palabra, inmediatamente se viene abajo”.

 

O, ¿Más bien, hemos dejado que Satán se lleve la palabra (Mc 4, 15), hemos sido inconstantes (Mc 4, 17), hemos dejado ahogar la palabra (Mc 4, 19)? (1)

3. Otros cayeron en medio de cardos: éstos crecieron y los ahogaron.

“La semilla que cayó entre cardos, es aquel que oye la Palabra, pero luego las preocupaciones de esta vida y los encantos de las riquezas ahogan esta palabra, y al final no produce fruto”.

¿Nos dejamos seducir por las cosas de este mundo? Necesitamos llenarnos de las cosas de Dios para aspirar al reino del Padre, haciendo que nuestra labor diaria, sea a semejanza de Jesús.

 

4. Otros granos, finalmente, cayeron en buena tierra y produjeron cosecha, unos el ciento, otros el sesenta y otros el treinta por uno. La semilla que cayó en tierra buena, es aquel que oye la Palabra y la comprende. Este ciertamente dará fruto y producirá cien, sesenta o treinta veces más.»

¿Somos de veras tierra buena, que oímos la palabra, la acogemos y damos fruto? (Mc 4, 20). (1)

¿En qué actitudes o comportamiento se nota que estamos dando frutos? (1)

5. El que tenga oídos, que escuche.»

Cada quién piense ante Dios, ¿Qué cambios a de realizar en su vida para permitir que la Palabra sembrada dé su fruto?

Remover la tierra para que la semilla de la Palabra de fruto en mí: apaciguar mi interior, liberarme la inquietud, serenarme en medio de las dificultades propias de la vida. En definitiva, confiarme a Dios.

Ayudar a Jesús a sembrar su palabra en la vida de alguna de las personas que conocemos; llevarle la Palabra de Dios a domicilio. Compartir con dicha persona nuestra propia experiencia en relación a Palabra de Dios. (1)

(1) LECTIO DIVINA. ARQUIDIÓSESIS DE MÉXICO.

 

 

Elaborado por:

Fernando Espinosa Castillo

De la Escuela Bíblica de San Max.

Gracias por tus comentarios

%d bloggers like this: