"Déjate conducir por la Inmaculada"

Evangelio de Mateo 16, 24-28

 

 

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Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga. Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, pero el que sacrifique su vida por causa mía, la hallará. ¿De qué le serviría a uno ganar el mundo entero si se destruye a sí mismo? ¿Qué dará para rescatarse a sí mismo?

Sepan que el Hijo del Hombre vendrá con la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno según su conducta.

En verdad les digo: algunos que están aquí presentes no morirán sin antes haber visto al Hijo del Hombre viniendo como Rey.»

Temática:

1. Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga.

Al describir a Mateo, los otros evangelistas escribieron: “Se levantó y lo siguió”. Lucas escribe: “Dejándolo todo, se levantó y lo siguió”. A la conocida exigencia: “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”, Lucas añade, “cada día”. Es especialmente Pablo, perseguido y azotado, llevado a los tribunales, encarcelado durante años, el modelo de llevar la cruz “cada día”. A lo largo de su vida se hizo realidad lo que Jesús dice a Ananías cuando Saulo se convierte: “Yo le enseñaré cuánto tiene que sufrir por mí”       (Hech 9,16). (1)

¿Que nos dice lo anterior a nosotros, quienes llevamos una vida cómoda? ¿Estaremos realmente dispuestos a renunciar a ella, y procurar apegarnos a la conducta que Dios nos ha señalado en sus mandamientos y en los de su Iglesia?

De lo contrario, ¿qué daremos para rescatarnos? Dios nos ama de una manera desmedida, pero si nosotros no hacemos lo mismo con él y cumplimos sus expectativas, no nos rescatará.

2. Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, pero el que sacrifique su vida por causa mía, la hallará.

Mc 3,38. Yo les aseguro: si alguno se avergüenza de mí y de mis palabras en medio de esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga con la Gloria de su Padre rodeado de sus santos ángeles.

 3. ¿De qué le serviría a uno ganar el mundo entero si se destruye a sí mismo? ¿Qué dará para rescatarse a sí mismo?

La noción de la redención (rescate, liberación), es esencialmente positiva: en ella no se afirma menos la unión con Dios que la liberación de la esclavitud del pecado. El término latino redemptlo: designa en primer lugar una “compra” (emere) que no nos “libera”, sino para “adquirirnos” para Dios (reconciliación). (2)

La cruz, título de gloria del cristiano. En la vida cotidiana del cristiano, “el hombre viejo es crucificado” (Rom 6,6), hasta el punto que es plenamente liberado del pecado. Su juicio es transformado por la sabiduría de la cruz (1Cor 2). Por esta sabiduría se convertirá, a ejemplo de Jesús, en humilde y obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Flp 2,1-8). (2)

Si Jesús defendió a la pecadora pública; acogió en la cruz al ladrón arrepentido y defiende entre otros casos a la pecadora pública mientras increpa al fariseo que lo ha invitado a comer. ¿Crees tú que su misericordia no te alcanzará? Has la prueba.

4. Sepan que el Hijo del Hombre vendrá con la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno según su conducta.

La espera del retorno de Cristo como juez de vivos y muertos forma parte del credo cristiano. Todo hombre comparecerá ante él.

Sin embargo, encontramos alternativas: el evangelio de Lc termina aparentemente como empezó: con el anuncio de la conversión y el perdón de los pecados (3,3). (1)

Jesús se somete a un bautismo que tiene por finalidad el arrepentimiento y el perdón de los pecados.

Para otros en línea más espiritual, Jesús proclama dichosas a las personas que se reconocen pobres ante Dios; por mucho que rece, por mucho que intente ser fiel a Dios, sigue considerándose pobre, necesitado del perdón y de la misericordia. Esta actitud la encontramos muy bien reflejada en el publicano  de la parábola,  que desde el fondo del templo reza humildemente: “ten piedad de mí, Señor, que soy un pobre pecador”.

Entonces, debemos redimirnos ante Él para lograr ser justificados y así obtener la vida eterna. Como dice la parábola del Hijo Pródigo: “me levantaré e iré a ver a mi Padre…”.

“Volver en sí, significa recapacitar; reconsiderar algo, que se ha hecho, reaccionar, cambiar de opinión, regresar a donde estaba, y comenzar de nuevo, reconocer que he fracasado, pero deseoso de volver a intentarlo”. ME LEVANTARÉ. BOLETÍN MENSUAL. PASTORAL BÍBLICA. EBAM, ENERO 2012.

(1) José Luis Sicre. El Cuadrante. La Búsqueda.

(2) X. LEÓN-DUFOUR. VOCABULARIO DE TEOLOGÍA BÍBLICA.

Elaborado por:

Fernando Espinosa Castillo

De la Escuela Bíblica de San Max.

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