"Déjate conducir por la Inmaculada"

CRÓNICAS DE NAVIDAD: MILAGRO EN EL AEROPUERTO

aeropuerto

I.

En un rincón del segundo piso de la casa de los padres de San Max, hay una tele vieja, en la salita de estar. Hace poco al pasar una mañana por ahí, se me escapó un pensamiento hacia Dios, y le dije: Señor ya está muy viejita esa tele, ojalá y me sacará una en algún sorteo ahora en Navidad, y, bajé las escaleras para emprender esa jornada.

A las pocas semanas, el martes 10 de diciembre, el padre Mario Tamez, organizó la posada de los sacerdotes que nos ordenamos juntos hace ya 15 años, y como ya es tradición, sería en su parroquia, la de nuestra Señora del Carmen San Jerónimo. Aunque trato de no faltar a estas reuniones, seguido se me atora la carreta y no puedo ir, pero en esta ocasión, acomodé mis quehaceres y pendientes para estar presente.

¡Qué decir de la comida, espléndida! Preparada por amables señoras que trabajan en la parroquia, ahora bajo, la dirección de Mons. Miguel Neftalí. Hubo dátiles, nueces, quesos, panes, frutas, todo variado y suculento. Luego el platillo principal, pavo relleno, pure, arroz, verduras, etc., y no se digan los postres, (¿cuánto me pierdo cada vez que no vengo? Me dije).  Sin embargo lo mejor de todo fue la convivencia entre los hermanos sacerdotes, que a veces no vemos tan seguido. Fuimos como 14 padres de los 21 que nos ordenamos, tres ya no están en el ministerio, uno de ellos, Lupe Rodríguez, porque el Señor lo llamó hace varios años al cielo; los otros 4, pues se perdieron el maravilloso festejo.

Al acabar la comida, todavía con el cafecito en la mano, pasamos a un vestíbulo con amplios divanes, donde al fondo y pegado a la pared estaba prendido el pinito, cargado de esferas y regalos, también había adornos dorados colgados al techo, y arbolitos de chocolates y botellas de colores en los entrepaños que nos separaban de las otras estancias. Todos nos sentamos cómodamente, esperando las sorpresas que Mario nos deparaba.

Pronto fue tomando las esferas metálicas del pinito, cada una de ellas traía un número, y las repartió entre todos. A cada número correspondía, por supuesto un regalo que Mario obsequiaba gentilmente a cada compañero, había de todo, vinos, cajas de chocolates, de quesos, shampoos, lociones, etc. Fueron pasando todos, y cuando llegaron al número 10, se detuvo y dijo: ¿quién lo tiene? Y yo que trataba de encontrar en el pinito dónde estaba mi regalo, y nada que lo veía, y dijo: alto, este número tiene un regalo especial: ¡Órale! Era el mío.

Y que desaparece unos instantes, y ante el asombro de los presentes, que va trayendo una caja rectangular grande y delgada, y me la entrega, rápido quité la envoltura, y que va apareciendo una televisión plasma a todo color, con los accesorios listos para conectarse con cualquier aparato o red habidos y por haber, y que me quedo con el ojo cuadrado, no podía ser, me quedé maravillado, mi corazón se exaltó, y le hice un guiño a Dios en mi interior, diciéndole: ¡Qué bueno eres conmigo, me chiflas, qué bárbaro eres Señor! Al instante todos me felicitaron y me dijeron estás de buenas, Diosito te bendice, ¿dónde la vas a poner? En mi casa les contestaba, y luego seguimos con los demás, terminando de recibir y abrir sus regalos.

Después de un rato, todos contentos y agradecidos con Mario, se fueron. Yo me quedé otro ratito más para despistar la emoción. Después de la foto, me despedí porque había quedado de ir a visitar a mis papás antes de regresar a San Max para las misas de la tarde.

Muy contento y muy feliz salí de ahí, sin saber que Dios me jugaría una pequeña bromita…

 

II

Llegué en menos de media hora a la casa de mis papás, pues de la parroquia del Carmen a San Nicolás, subiendo y bajando las jorobas de Gonzalitos, llegas en un ratito. Sólo pasaría a saludarlos y ver cómo estaban, me echaría un café, y regresaría a San Max a confesar y dar misa.

Eran como las 4:30 de la tarde y el sol iluminaba suavemente, cuando bajé del coche con la esfera plateada para regalársela a mamá, y la botella de jugo de uva para papá, ésta última también me la había dado el padre Mario antes de partir.

Entré y los puse en la mesa de la cocina, y me dispuse a platicar con ellos. Al sentarse a la mesa mi mamá se le quedó viendo a la esfera: -¡Qué bonita está! – Me dice, – Sí mamá y la botella es para papá. –¡Ah mira qué bien! – (Y ya ven que las mamás ven y huelen todo) – Y, ¿este número que trae pegado? – Es de una rifa mamá, – ¡Aah! ¿Y te sacaste algo? – (Oh oh), sí mamá, – ¿Y, qué te sacaste? – (En ese momento me acordé que en casa de mis papás, había una tele más vieja que guacho nieto), y contesté: mmh una tele, – ¡Ah mira qué bonito! – Sí mamá, pero, es para ustedes (Ajá), – No, no, qué esperanzas, tú la has de necesitar mucho más que nosotros, allá en tu casa, además, es tuya, – No mamá, mejor aquí que se quede para ustedes. – Tienes razón ponchito, muchas gracias, además la vamos a necesitar ahora que venga tu hermana de Canadá con César y los niños. – De nada Mamá, con mucho gusto (Diosito me acababa de hacer una trampita, y ahora mismo caía en la cuenta): Me habían bajado la tele.

Pero faltaba lo más importante…

 

III.

A los pocos días, el viernes 13 de diciembre, llegaba mi hermana Rosy de Canadá, donde vive con su familia. Por lo que había separado el espacio exacto para ir a recogerlos al Aeropuerto Internacional de Monterrey a las 4 pm.

Tuve la misa de las 7.30 de la madrugada, trabajo de oficina, comida y posada de la Curia, pero me salí corriendo del arzobispado a las 3:18 pm, con el tostador que me acababa de sacar bajo el brazo, y córrele, y atravesando camiones, taxis, colas enormes, puentes averiados y desviaciones, logré llegar salvo a la meta, eran las 3:58 pm cuando estaba arribando yo a la terminal B del Aeropuerto, y me dije (todavía resoplando), aquí los espero, monitoreo su vuelo, leo un rato, y me preparo a recibirlos con toda pompa y platillo.

Aunque el vuelo de Houston decía “a tiempo”, aterrizó como a las 4:15, agarro yo tiempo, y como a las 4:25 salen unas cuantas personas, se me hizo un poco raro, pero me dije, deben salir; como a las 4:30, sale la tripulación, y ahí se me hizo más raro, a las 4:35 que me acercó y (ciertamente ser muy atento no es mi principal virtud), que voy leyendo: llegada vuelos nacionales, “¡no puede ser!”, “¿dónde he estado todo este tiempo?”, “¿dónde estarán ellos?”, y en lo que pregunto y me doy cuenta de que estaba en la terminal equivocada, pasaron otros 5 minutos, y otra vez, córrele literalmente a la terminal A, a la cual llego a las 4:45, y me meto a buscarlos y nada, “¡no puede ser posible!” me regañaba y me volvía a regañar, y otra vez para adentro y mientras, hablaba a la casa de mis papás, por si se habían reportado, sus celulares por alguna razón no funcionaban, no contestaban Facebook ni twitter, llamaba a mi hermana Betty, y le decía trata de localizarlos, no es posible que de tan lejos, no haya habido nadie para esperarlos, y me asomaba a las tiendas, a los Starbucks, al coro de niños que estaba cantando villancicos, a los restaurants, y nada y me empezaba a doler fuertemente el alma. Fue en ese momento que le dije al Señor: “Dios mío, Tú siempre eres bueno conmigo, ayúdame una vez más en este caso, que los pueda todavía hallar”.  Y que me meto por quinta y sexta vez, no se cuántas a buscarlos por todas partes, salgo nuevamente y le hablo a mi hermana y me dice: nadie contesta, como que sus teléfonos están bloqueados, lo mismo su internet, ya mejor vente para la casa pues deben ir en camino, quedamos de juntarnos con ellos a las 5 pm, y ya van a ser.

En ese momento, desolado, pero tratando de no dejarme caer, me dispuse a caminar hacia donde había dejado mi carro, pero, al pasar por el frente de la terminal, me dije, voy a intentarlo una última vez, entro reviso todo, y echo mi mirada lo más lejos que puedo, a donde no había yo llegado, y alcanzo a ver una pequeña silueta, luego unas manos, luego un joven que corre hacia mí, era mi sobrino, que me había reconocido, y detrás del él, llegaban también mi hermana, su esposo, y mis demás sobrinos, nos habíamos encontrado…

 

IV.

Me había vuelto el alma al cuerpo, ya hasta los villancicos me sonaban a globos y miel. ¿Pero, qué había pasado? ¿Porqué estaban en esa zona alejada del aeropuerto? ¿Porqué habían salido hasta esa hora? Demasiadas preguntas se agolpaban en mi mente.

Pero antes de que yo empezara a hablar y excusarme, todos a una me dijeron, es que no llegó la maleta de Dany, y tuvimos que esperar a que bajaran todas las maletas, y después tuvimos que ir a la oficina de velices extraviados y había una larga fila, porque no fue la única a la que no le llegó, por eso vamos saliendo hasta ahorita.

En ese momento desde lo más profundo de mi corazón y de mi alma, le agradecí en silencio al Señor. Y les platiqué también toda la odisea que yo había pasado. Y le dije a mi sobrina, perdóname Dany, yo tuve la culpa, pero Dios tenía que ver cómo le hacía para hacerme el milagro, y poder aquí encontrarnos; ella, hermosamente sonrió y todos los demás reímos por el enorme placer de abrazarnos.

 

Fin.

 

P. Alfonso G. Miranda Guardiola

24 de diciembre del 2013

@padrealfonsom

3 comentarios

  1. ENCANTADOR RELATO, DIGNO DE NOCHEBUENA . . . KITTY

  2. P. Alfonso Miranda /

    Gracias Ma. Cristina, que el Señor te colme de sus bendiciones.

  3. Monica /

    Me encantó! Disfrute a su familia Padre, nos vemos prontoo

Gracias por tus comentarios

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