"Déjate conducir por la Inmaculada"

Cuento Navideño: La duda del Amor

LA DUDA DEL AMOR

 

Un día, en vísperas de Navidad tuve una discusión con mi hermana: Ella alegaba que soy envidiosa pues siempre pido lo mismo que ella quiere, la verdad es que ella es una pesada insoportable, no sé como mis padres le toleran tantas groserias. Salí enojada de la sala y azotando la puerta entré a mi habitacion. Durante la noche, no logré conciliar el sueño pues me la pasé pensando en la discusión. Repentinamente algo golpeó la ventana de mi habitación…, inmediatamente me levanté de mi cama para ver a través del vidrio sin abrir la ventana pero no logré ver lo que habia golpeado el vidrio, asi que con gran temor y precavidamente abrí lentamente la ventana, cuando estaba semiabierta, una bola de nieve golpeó parte de la ventana, y parte de mi cara, lo que me hizo cerrar la ventana velozmente. Intrigada, salí a ver quien habia lanzado la bola de nieve y atrapar al quien fue capaz de lanzar bolas de nieve a mi ventana. Nologré ver a nadie lanzando bolas de nieve, no obstante la banqueta estaba sentando un niño. Unicamente logre ver su espalda. Tenía puesto un delgado sueter roto, y con el clima invernal de esa particular noche, era de esperarse que estuvier pasando frio. Lentamente me acerqué para ver quien era, todavia no me asercaba lo suficiente para hablarle, cuando se levantó y comenzo a caminar. Corrí para darle alcance, pero fue imposible, pues a medida que yo más corría, él resultaba más inalcanzable. Le grité para que se detuviera, cuando volteó, quedé atónita, pues su rostro era tan brillante como la luz de la luna llena y su voz sonaba como un coro de angeles en el cielo. Vi que entre las manos sostenía una hermosa flor de noche buena. No logré comprender lo que me decía, pero lo seguí, cominamos juntos con rumbo incierto, pero era como si camináramos entre nubes.

Después de un rato llegamos a un lugar en el que habian personas hambrientas, sucias y sufriendo dolor, ahí solo se respiraba miseria y pesar. Fue entonces cuando tuve como primer impulso el alejarme rápidamente de ahi, sin embargo sentí al mismo tiempo las ganas de ayudar, hacer algo por aquellas personas. Súbitamente el niño al que seguía. salió de ese lugar, lo seguí por un largo tiempo y llegamos a otro sitio, en este lugar habian personas que se atendian unas a otras, se alimentaban entre si, se limpiaban unas a otras, se respiraba armonía, pero sobre todo, se percibía amor. Estaba confundida, llena de dudas. El volteó y al verme me dijo: estos dos lugares estan aqui, en este mundo, pero el primero es semejante al infierno, los hombres solo ven por su propio beneficio, no se aman los unos a los otros, ese es el verdadero infierno, en cambio, en este sitio hay armonia, se ayudan y se aman los unos a los otros, tu hubieras hecho la diferencia en el primer lugar, pero dudaste en amar. Yo contesté rápidamente: NO, no es que haya dudado, solo que… bueno, no puedo mentir…, sí dudé, a lo que él respondió: cuando se ama no cabe la duda, amas y eso es todo, es lo único que Dios quiere que hagan los hombres, asi que no dejes pasar la oportunidad de amar, de servir y haz la diferencia. De nada te vale tener una familia, tener un hogar, tener amigos y tener todo lo que quieres si no amas. En ese instante comprendí lo que ese niño desconocido queria que entendiera. Súbitamente desperté, sentí una gran decepción al darme cuenta que todo fue un sueño. Me levanté y corrí hacia la sala para ver mis regalos de Navidad, pero lo único que habia debajo del pino, a un lado del niñito Jesús que estaba en el nacimiento, era una hermosa planta de noche buena. Agradecí a Dios por tan extraordinaria experiencia. Desperté a mis papás y a mi hermana para pedirles perdón, decirles lo mucho que los amo, al bajar nuevamente a la sala me di cuenta que mi hermana buscaba con afán los obséquios que esban escondidos. Al encontrar los mios le pedi a mi papá que me llevara al refugio más cercano para llevarles mis regalos. Mamá escuchó y me preguntó ¿qué es todo ese cambio?, ¿qué te ha pasado?, a lo que le contesté contándole mi sueño, al término me dijo: tienes razón, no hay que amar solo a los que nos aman, sino a todos. Así que vamos todos, llevemos nuestra cena para compartirla. Esa fue una noche inolvidable, aunque debo confesar que me quedé con ganas de máss pavo y puré de papas, además, no alcance postre, pero debo decir tambien que eso no tiene importancia, ya que al ver todas esas caras tan felices bastó para que mi alma quedara satisfecha.

Maxim

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