"Déjate conducir por la Inmaculada"

Cuento Navideño: Lamb

Lamb

Había una vez una borrega grande, muy lanuda, que a su vez tenía unos  borreguitos, y de entre ellos, se complacía en ver a uno de lana blanca, muy pachoncito, se veía muy hermoso…  pero el borreguito también  se daba cuenta de su belleza y se envanecía por ello, y pensaba. “ya soy grande, y además hermos, todos me admiran, ya puedo actuar por mí mismo, no sé por qué tengo que estar bajo la tutela de mi madre, y en este corral, habiendo tanto espacio detrás de la cerca”.

Y se ponía a contemplar un bosquecillo cercano, y pensaba: Cuántos árboles, que hermoso sería poder ir allá, correr entre el pasto,  que verde se ve desde acá…  y suspiraba. Se enfadaba si de pronto su madre le hablaba.  “Lamb, ven acá, no te acerques a la cerca, allá en el bosque hay peligro, hay lobos que te pueden comer.  Ven, mejor juega con tus hermanos, quédate cerca de mí, yo siempre estaré dispuesta a dar mi vida por protegerte, pero  necesito que estés cerca de mí, porque si por tu voluntad te alejas, nada podré hacer por ti”.

– Lo que pasa es que tú ya estás vieja y no se te antoja correr entre el pasto, ni divertirte, parece que te has propuesto amargarme la vida. ¡Déjame vivir, es mi vida!

– ¡Pero hijo, no sabes lo que dices, reflexiona, estas en un error, yo no quiero más que tu bien!

– Si, mi bien, y llevar una vida aburrida aquí encerrado, pegado a la lana de mi mami.  ¿No te das cuenta que ya soy grande?

– ¡Pero Lamb, si casi eres todavía un pequeño corderito!  Aquí no corres peligro porque si vinieran los lobos, el amo pronto los ahuyentaría con su escopeta!   Además, aquí tienes comida y espacio para correr!, tienes todo lo que necesitas, y todos te queremos!

– Ya no me hables!, contestó Lamb.

Así pasaron algunos días, y Lamb no se percató de que era observado por los lobos del bosque cercano, y le pusieron una trampa.  Hicieron que sus cachorros jugaran y retozaran entre el pasto.  Corrían y se reían, brincaban unos sobre los otros.

Lamb los veía y suspiraba, y pensaba “Que bueno sería estar con ellos, jugar con ellos, librarme de una vez por todas de mis aburridos hermanos y de la autoritaria de mi madre” Y así, un día en que todos se encontraban comiendo, Lamb brincó la barda, y corrió hacia el bosque, pero al ir corriendo se dio cuenta de que el pasto no era tan verde viéndolo de cerca, había muchos espacios con solo tierra y piedras, y tropezaba y se caía.

Y escuchó a lo lejos la angustiada voz de su madre. “Lamb, regresa, vuelve a casa pronto, antes de que sea demasiado tarde.”

Pero él se decía: “no volveré, ya me tiene harto con tantos consejos y tanta tutela.  ¡Quiero ser libre!”.

Y así pensando llego al bosque, en donde ya no estaban los cachorros, sino los padres de éstos. Unos lobos grandes, feroces, con enormes y afilados colmillos.  Entonces empezó a gritar: Mamita, mamita, cuánta razón tenías, que equivocado estaba, perdóname mamita”.

Pero la mamita llorando desconsoladamente, no escuchó las últimas palabras de su corderito, porque la lejanía lo impidió.

Así sucede algunas veces a las personas cuando no queremos obedecer las órdenes y las voces de quienes tienen autoridad sobre nosotros por Voluntad Divina.

BERTHA

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