"Déjate conducir por la Inmaculada"

Homenaje al Maestro Efrén Ordoñez In memoriam. Por el P. Raúl Mena Seifert

Efrén Ordóñez (1927-2011)

In memoriam

Hace cerca de diez años estaba acudiendo a estudiar la Maestría en Bienes Culturales de la Iglesia a la UPAEP, en Puebla. En un curso impartido por el Padre Juan Plazaola se nos encargó el siguiente trabajo: confrontar dos obras de arte similares y a la vez distintas. Después de mucho pensar elegí analizar dos obras para mí muy conocidas y que cumplían con los requisitos del trabajo: el Seminario Menor y el Mayor de San Pedro. El primero había sido mi casa durante tres años y el otro no me era, de modo alguno, desconocido. Realicé mi trabajo y lo envíe por correo al Padre Plazaola.

Después una inquietud surgió en mí: dado que en ese trabajo analizaba la obra pictórica del Arquitecto Efrén Ordónez ¿por qué no buscarlo y pedirle una opinión acerca de mi investigación?

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No recuerdo cuando conocí su obra. Cuándo fue mi primer contacto con ella. Seguramente fue en el Seminario de San Pedro cuando a este lugar acudía, aún antes de entrar al Seminario, para participar en actividades, en aquel entonces, dela PastoralJuvenil.Desde que conocí su obra en el Seminario de san Pedro me enamoré de su pincel, de la obra artística salida de sus manos.

No dudo en afirmar que la obra del Maestro Efrén Ordóñez fue para mí un factor detonante en mi vocación sacerdotal, no el único, pero sí muy importante. No únicamente era el deseo de habitar en aquella casa, el Seminario, llena de su obra; era también el deseo de servir ala Iglesiatan bien simbolizada en el arte sacro del Arquitecto; y es que nadie como él para representar los misterios divinos en nuestra ciudad, en nuestra Arquidiócesis.

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Habiendo conseguido el teléfono le llamé. Él me contestó y con la sencillez que le caracterizaba me dijo que lo buscara en su casa – estudio. Me dio la dirección y allá acudí con mi escrito.

Llegar a su casa me llenó de emoción. Por fin tendría la oportunidad de conocer a tan admirado artista. Lleno de sencillez me recibió en su lugar de trabajo: conversamos un rato, mientras tanto me mostró algo de la obra que en ese entonces realizaba. No lo quise incomodar alabándolo dado que sabía de su sencillez ante su trabajo.

Quedé de llamarle un par de semanas después.

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Hace unos 12 años me enteré que uno de los hijos del Arquitecto Ordóñez estaba vendiendo litografías de las obras de su papá firmadas por él. La oportunidad no había que desaprovecharla. Me comuniqué con su hijo. Un buen día él fue a mi casa y ahí nos mostró las litografías de la obra de su papá. A pesar de ser obras muy bellas no eran caras. Su precio era bastante módico. Bien enmarcadas lucirían muy bellas. Adquirí una litografía del Señor san José que transmite una profunda espiritualidad y otra obra que no era de temática religiosa: un paisaje norestense donde se aprecia en primer plano una canasta llena de pan de dulce en una casa del Barrio Antiguo. Ambas litografías las conservo, hasta el día de hoy, con mucho aprecio.

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Pasado un par de semanas nuevamente le llamé y me dijo por teléfono que le había sorprendido mi trabajo y me pedía que fuera a recogerlo a su casa. Convenimos el día y la hora. Nuevamente me daba la oportunidad de saludarlo y estrechar su mano.

Me recibió muy cordialmente como la vez anterior. Me indicó que le había agradado mi trabajo y que inclusive lo había comentado con su esposa.

Al despedirme le pedí un favor: que me hiciera el honor de dejar su firma en mi trabajo. No únicamente accedió a ello sino que escribió la siguiente frase: “Padre José Raúl Mena. Lo felicito, muy interesante su trabajo. E. Ordóñez”.

Conservo esta firma en mis archivos, y ciertamente, entre los más importantes.

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Nunca más lo volví a ver en persona.

Ha muerto recientemente. Su muerte pasó casi desapercibida en una ciudad adolorida hasta el alma por los trágicos acontecimientos del Casino Royale ocurridos apenas pocos días después de su partida.

Descanse en paz.

Nos ha dejado el más profundo y productivo artista de arte sacro en nuestra región.

Descanse en paz el Maestro que, como nadie en Monterrey, pintó la belleza de nuestra religión y de los misterios divinos.

Lloramos su partida pero conservamos su legado en una innumerable cantidad de parroquias, oratorios, capillas, conventos y colegios.

Tarea pendiente es apreciar su obra y conservarla:

Recuerdo que hace cerca de 15 años vi una imagen dela Virgende Guadalupe del Maestro Ordóñez casi olvidada y a punto de deshacerse en la sacristía en una parroquia cercana al Cerro del Topo Chico. Años después quise saber si aún existía esa imagen y en que estado estaba: nadie me supo dar razón de ella.

Tarea pendiente es hacer un inventario de toda su obra en nuestra Arquidiócesis. Ojalá que pronto se pueda hacer para conservar su legado; sería la mejor manera de recordar y honrar a quien tanto hizo por nuestra Iglesia en las últimas seis décadas.

Descanse en paz el Arquitecto, el Maestro, el Pintor, el Artista, el Cristiano.

 

 

Escrito por el Pbro. Lic. José Raúl Mena Seifert en la revista Pastoral Siglo XXI del mes de diciembre del 2011.

Miembro de la Dimensión de los Bienes Culturales de la Iglesia de la Arquidiócesis de Monterrey.

jmena@arquinetmty.com

En facebook: difusiondeartesacro

 

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