"Déjate conducir por la Inmaculada"

Dios no se somete a nuestras órdenes y caprichos.

No somos nosotros los que vamos a construir una casa al Señor. No somos nosotros los que vamos a ordenarle a Dios lo que tiene que hacer.

Dios no se deja someter a las paredes que nosotros lo arrinconamos.

Dios se rebela, y no se deja someter a nuestras órdenes, y mucho menos a nuestros caprichos.

El orden no es que Dios haga lo que nosotros queramos, sino que nosotros nos sometamos a su voluntad.

Hay una tentación, al creer que nosotros le vamos a hacer un favor a Dios, quitándole de la tienda de campaña, y construyéndole una casa. La verdad es que El no necesita de nuestros favores, sino nosotros los de él.

Dios es un espíritu libre, él se mueve con libertad por los senderos de este mundo. El no necesita una casa para vivir, el mundo entero es su Casa. Y todos habitamos en ella, sin excluir a nadie, aunque tantas veces se nos olvide.

Dios tiene otros ojos, y su mirada trasciende nuestros criterios, no será en Jerusalén, lugar del Templo, donde El extenderá sus ojos, sino en una pequeña y hermosa muchacha de Galilea.

No será el Templo que el Rey David quería construirle, donde Dios escogerá habitar, sino en el dulce vientre de la Santísima Virgen María.

En María Dios encuentra su verdadera casa, pues ahí encontrará dulzura, docilidad, humildad y disponibilidad.

Será Dios quien nos construya la casa, hecha de amor, dulzura, bondad y obediencia suprema a su voluntad, al estilo de la siempre amada Virgen María.

Gracias por tus comentarios

%d bloggers like this: